El ARte del Coaching de equipos​

Siempre que cierras un proceso de trabajo con un equipo algo te llevas en el alma. Las experiencias vividas en espacios de crecimiento que compartes con otras personas te transforman de forma especial y una parte de ellos siempre se queda contigo. De alguna manera anclamos esas emociones a nuestra esencia y nos enriquece en nuestro desarrollo como seres humanos y como profesionales.

 

Ayer cerramos la formación de Coaching de equipos que empezamos hace dos meses en la que hemos tenido la oportunidad de ser parte interna y observador externo del grupo en un espacio de laboratorio controlado y de confianza para poder aprender sostenidos por la energía de grupal.

 

Empezamos siendo un grupo de personas desconocidas con la única conexión del para qué estábamos allí. A medida que la personalidad individual comienza diluirse en la personalidad mayoritaria del equipo, el trabajo sistémico comienza a tener mayor relevancia y el desconocimiento va dejando espacio a un estado de conexión que empieza a tomar forma y a sentirse en cada uno de nosotros.

 

Cómo a lo largo de la vida de un equipo, hemos pasado por diferentes estados emocionales cuya temperatura ha sido necesaria medir en determinados momentos para saber cómo gestionar el trabajo de profundización en el equipo. La belleza de este trabajo va encaminada a buscar aquellas características individuales que cada uno aporta, que aunque de manera individual no sean significativas, resulten complementarias y de alto valor para el grupo creando así un puzzle perfecto como equipo. De esta manera, el valor de la diversidad alcanza un significado mayor donde la inclusión, la empatía y la conexión emocional empieza a traspasar la piel de todos y cada uno de los miembros del equipo.

 

El Arte del coaching de equipos es querer contribuir al desarrollo y evolución de un equipo hacia su mejor versión.

 

 

 

 

Cuando la magia de los equipos se vive desde dentro, cuando sueltas tu ego y te rindes al formar parte de un todo en el que te diluyes como individuo, la vida te regala un mayor grado de conexión con la verdad de quien eres. Y ahí reside la fuerza del trabajo con los equipos, en soltar quien eres para ponerte la servicio de los demás y poder ser ese bambú hueco a través del cual se genera esa conexión en el equipo que predispone a la transformación y al desarrollo en la dirección deseada. 

 

Es una vocación de querer ayudar a los demás que a la vez te permite conocerte a ti mismo a través de ellos y como todo lo que das de corazón vuelve a ti...a través del trabajo en equipos te llevas tu propio proceso de transformación y aprendizaje como ser humano.

 

 

Profundamente agradecida a tod@s los que han hecho posible este viaje.