PARA LA AGITACIÓN, PASTILLAS DE  SILENCIO

Disfruto mucho escribiendo, es algo que hacía desde pequeña y que deje de hacer. Lo retome hace un año y escribo en silencio, buscando ese momento donde parar y escribir se convierten en un momento de expresión de mi.

Ando agitada estos días así que me invito a parar y tener reflexiones que comparto contigo a través de la escritura.

 

¿Qué peso tiene el silencio en ti? Si te haces esta pregunta puede ser que no tengas respuesta pues evidentemente el silencio no se puede pesar, es una manera metafórica de traerlo a la conversación… y si lo tuviese, ¿Qué valor tendría para ti? 

 

Observo la dificultad de que el silencio nos rodee en una realidad cada vez más agitada y  siempre con prisas. Apenas se para a lo largo del día de manera natural, inmersos en rutinas enlazadas carentes de espacio para poder conectar con nosotros mismos, con cómo estamos y nos sentimos. Por no decir, cuánto nos ocupa el cómo nos relacionamos y desde donde en nuestras relaciones diarias y espacios compartidos...

 

En un mundo cada vez más de apariencias, donde las redes sociales muestran una realidad completamente parcial y condicionada enfocada al objetivo principal de hacer valer y darle protagonismo a nuestro ego, a veces me pregunto, si somos capaces de discernir mensajes de valor y autenticidad entre tanto mercadillo de rebajas. He de reconocer que a veces es difícil y me cuesta aunque seguro que los hay…

 

 

¿Cómo poder ser capaces de discernir lo auténtico de lo falsificado de la manera más neutral posible? 

 

Empezaría dándole peso al silencio exterior, ese que escasea a nuestro alrededor sucumbido al ruido de fondo que nos acompaña a lo largo del día de manera rutinaria. Un ruido constante que mantiene nuestro sistema nervioso en un continuo nivel de tensión que casi hemos normalizado… Apenas somos conscientes de ello, tan sólo cuando de repente paramos y podemos apreciar el impacto que tiene en nuestra manera de hablar, de responder, de actuar… a veces demasiado tarde.

 

Con tanto ruido exterior y tan poco silencio a nuestro alrededor, nos queda el recurso innato de buscar nuestro silencio interno y digo innato, pues aun en mitad del mercado más ruidoso, puedes conectar con ese espacio interior al que nada puede tocar. ¿Fácil? No siempre lo es sino lo entrenas y le permites su expresión… 

 

 

¿Y su peso? Volvemos a hacernos la pregunta inicial…

 

El silencio interno se expande a través de la respiración. Cada vez que lo haces conscientemente, puedes ir creando un espacio cada vez más amplio… ese lugar de distancia entre lo que ocurre fuera y la elección de tu respuesta . Absolutamente necesario cultivarlo para poder estar en ti y poder decidir de manera lo más neutral posible qué hacer con lo que ocurre a tu alrededor y estar más cerca de la mejor respuesta para ti.

 

¿Qué te impide cultivarlo?. No paro de escuchar quejas de falta de tiempo para dedicarlo a nosotros mismos… ¿A qué destinas tu tiempo libre? Cuidado con los entretenimientos que te roban el tiempo sin alimentar tu alma y te distancian de lo que realmente tiene valor.

 

Dale peso a tu silencio cada día con cada inspiración profunda y permite que esa tensión del sistema nervioso central se afloje con cada espiración. Dale valor a tu silencio, tanto al externo como al interno, como medicina para estos días donde la cordura y la excitación se manejan de maneras no muy proporcionadas…

 

Cultiva lo que te nutre y cuida de ti tanto interna como externamente. Busca aquello que  alimenta tus necesidades más profundas y rodéate de la sencillez de las pequeñas cosas hechas del buen amor y de manera desinteresada. Dale peso a lo importante y respira profundo para poder discernir la paja de lo valioso a veces escondido entre tanto black friday.

 

Dale peso a tu silencio y vuelve a casa por Navidad...